​El primer gran conflicto diplomático de 2026 ha estallado. México confirmó que mantendrá el suministro de petróleo a Cuba, ignorando las amenazas directas de Donald Trump de imponer aranceles. Esta decisión prioriza la soberanía energética, pero coloca al país en una peligrosa ruta de colisión comercial con Estados Unidos que ya inquieta seriamente a los mercados internacionales.

Bajo el amparo de la “Doctrina Estrada” y la narrativa de ayuda humanitaria, el Gobierno de México ha decidido sostener su política exterior pese al alto riesgo económico que conlleva. La postura oficial busca reafirmar la independencia energética frente a las presiones de Washington; sin embargo, analistas financieros advierten que esta estrategia podría desencadenar represalias inmediatas.

​El nerviosismo ya es palpable en sectores clave como el automotriz y el del acero, que se perfilan como los posibles blancos de sanciones comerciales. Mientras el gobierno prioriza el discurso de soberanía, los mercados temen que la estabilidad del tratado comercial se vea comprometida por este choque frontal con la nueva administración estadounidense.

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