La inminente escalada bélica entre Irán, Estados Unidos e Israel alcanzó un nivel crítico tras el cruce de amenazas sobre ataques devastadores en el Golfo. La Casa Blanca advirtió con bombardear infraestructura petrolera si Teherán no reabre el Estrecho de Ormuz, disparando los precios internacionales del crudo y encendiendo las alertas económicas en México.
El conflicto en Medio Oriente ha dejado de ser un problema regional para convertirse en una amenaza directa a la estabilidad financiera global. Irán ha sido enfático en su capacidad de fuego para desestabilizar la zona, a lo que Washington ha respondido con un ultimátum que pone en riesgo el suministro de la quinta parte del consumo mundial de petróleo que transita diariamente por Ormuz.
Para México, el impacto de este choque geopolítico es inmediato y de alto riesgo. El encarecimiento abrupto del barril de petróleo en los mercados internacionales ejerce una presión extraordinaria sobre las finanzas públicas del país. Al ser un importador neto de combustibles refinados, el Gobierno Federal se ve forzado a inyectar más recursos al subsidio del diésel y las gasolinas para contener los precios. Si el Estado no absorbe este sobrecosto internacional, el incremento se trasladará a la cadena de suministro, desatando una crisis de inflación que impactaría de lleno en el costo de los alimentos y bienes básicos de las familias mexicanas.






