Nuevos documentos judiciales desclasificados arrojan luz sobre la brutalidad de la masacre de Idaho, revelando que Bryan Kohberger infligió más de 150 puñaladas a cuatro estudiantes universitarios. El informe forense destaca que Xana Kernodle, de 20 años, opuso una resistencia desesperada, recibiendo 67 heridas mientras intentaba defenderse del ataque, un detalle que subraya la naturaleza despiadada del crimen.

El caso ha generado un morbo particular debido al perfil de Kohberger, quien al momento del crimen era un estudiante de doctorado en Criminología. Esta formación académica sugiere que el asesino intentó ejecutar un “crimen perfecto”, aunque cometió un error fatal: dejar la funda de su cuchillo Ka-Bar en la escena. El ADN recuperado en el botón de presión de dicha funda fue la evidencia científica que permitió su captura tras seis semanas de incertidumbre.

La cronología revela que el ataque fue sistemático. Tras asesinar a Kaylee Goncalves y Madison Mogen en el tercer piso, el agresor bajó al segundo nivel donde se encontró con Kernodle despierta. Actualmente, el motivo del crimen sigue siendo un misterio, pues no se halló vínculo previo entre el agresor y las víctimas, lo que refuerza la teoría de un ataque por acecho. Kohberger cumple hoy cuatro cadenas perpetuas en aislamiento total.

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