La celebración del 88 aniversario de la Expropiación Petrolera se tiñó de luto tras la explosión en la Refinería Olmeca de Dos Bocas, que dejó cinco fallecidos este 17 de marzo. El siniestro, provocado por un desborde de residuos tras intensas lluvias, ocurre mientras México busca soberanía energética frente a un mercado global fragmentado por la guerra.
El incidente, confirmado por Petróleos Mexicanos (Pemex), se registró en el perímetro exterior de las instalaciones en Paraíso, Tabasco, donde la acumulación de aguas aceitosas generó una ignición que alcanzó a trabajadores de una empresa externa y personal de la paraestatal. La Fiscalía General de la República (FGR) ha iniciado los peritajes para determinar las causas exactas, mientras la administración federal asegura que la operación de la refinería se mantiene al 100% para cumplir con las metas de producción nacional.
Esta tragedia golpea a la institución en un contexto geopolítico crítico. La prolongada guerra en Ucrania y las recientes tensiones en Medio Oriente han reconfigurado los flujos de hidrocarburos, elevando el valor estratégico de la infraestructura de refinación. Para México, la consolidación de Dos Bocas no es solo un objetivo económico, sino una medida de seguridad nacional frente a un orden internacional donde la energía se utiliza como arma política y el control territorial de los recursos define el poder estatal.
