FILADELFIA. — Hoy, 17 de enero, se celebra el aniversario del nacimiento de Benjamín Franklin (1706-1790), una de las figuras más brillantes de la Ilustración y pieza clave en la fundación de los Estados Unidos. Político, científico, inventor y diplomático, Franklin dejó un legado que sigue vigente en la ciencia y la democracia moderna.
Nacido en Boston, Franklin destacó desde joven por su intelecto inquieto. A lo largo de su vida, sus contribuciones transformaron diversos campos del conocimiento y la vida cotidiana.
El hombre que “robó” el fuego al cielo
Como científico, Franklin es mundialmente reconocido por sus experimentos sobre la electricidad. Su famoso experimento con una cometa en medio de una tormenta confirmó la naturaleza eléctrica de los rayos, lo que condujo a la invención del pararrayos.
Además de este avance, su ingenio dio vida a inventos que hoy seguimos utilizando:
- Lentes bifocales: Solución para quienes padecían problemas de visión cercana y lejana.
- Estufa de Franklin: Un sistema de calefacción más eficiente y seguro.
- Humorismo y periodismo: Fundador de la Gaceta de Pensilvania y autor del famoso Almanaque del pobre Richard.
Arquitecto de una Nación
En el ámbito político, Franklin fue el único de los “Padres Fundadores” que firmó los cuatro documentos principales que dieron origen a los Estados Unidos: la Declaración de Independencia, el Tratado de Alianza con Francia, el Tratado de París y la Constitución de los Estados Unidos.
Su labor como diplomático en Francia fue crucial para obtener el apoyo militar y financiero necesario para la independencia norteamericana, ganándose el respeto de Europa por su sencillez y sabiduría.
Un legado de servicio público
Franklin también fue un pionero en la organización social. Fundó la primera biblioteca pública de préstamos de EE. UU., el primer cuerpo de bomberos voluntarios en Filadelfia y desempeñó un papel fundamental en la creación del sistema postal moderno.
Hoy, a más de tres siglos de su nacimiento, la figura de Benjamín Franklin se mantiene como un símbolo de la curiosidad humana, el esfuerzo personal y el compromiso con el progreso de la sociedad.
